Numerologia

Nuestra base de reflexión es la numerología, o ciencia de los números. Nueve números primarios nos sirven para contar y nos permiten expresar todo. Tras estas apariencias se esconden significados más profundos, simbólicos y esotéricos. Pitágoras, el padre de nuestras matemáticas, también fue un iniciado, que supo darles a entender a sus discípulos el lado oculto de los números y sus significados ocultos. La tradición pitagórica, surgida de la escuela fundada por él en Grecia en el siglo VI a.C., nos ha transmitido estos conocimientos. Tan antigua como la astrología, la numerología nos indica que en todo hay ciclos, periodicidad y vibración. Este enfoque se encuentra en todas las tradiciones, orales o escritas. En los textos sagrados se hallan referencias. La tradición hebrea relaciona las veintidós letras del alfabeto a los veintidós sonidos correspondientes, y a los veintidós senderos del árbol de vida. La Biblia, otro lenguaje codificado, en el Apocalipsis de San Juan nos permite plantearnos algunas preguntas relacionadas con las relaciones existentes entre la simbología de los números y el contenido de los veintidós capítulos de este texto. Más cerca de nosotros Jung, padre de la psicología moderna, relacionó esta simbología de los números con la noción de inconsciente colectivo: en lo más profundo de nosotros mismos conservamos el recuerdo de los símbolos, de los arquetipos y de los mitos que construyeron la humanidad. Nuestro objetivo no es desarrollar el aspecto teórico de la ciencia de los números. Por eso, nuestras referencias y nuestro enfoque histórico llegarán hasta aquí; sin embargo, es necesario que recordemos los fundamentos. La tradición cristiana estableció la lista de todos los santos. A través de los escritos, conocemos sus vidas, sus actos, sus comportamientos. Los nombres que llevaban ya estaban relacionados a estos mitos, a estos símbolos, inscritos en el inconsciente colectivo y, mediante sus vibraciones, han contribuido a modelar sus personalidades. Muchos son los siglos que nos separan de su época y los modos de vida han cambiado, sin embargo dentro nuestro llevamos la historia del mundo y nos adaptamos a ciertos comportamientos sin siquiera darnos cuenta. Los nueve primeros números, más allá de su simbología primaria, cuantitativa, tienen un contenido simbólico, esotérico, cualitativo, de un alcance y una riqueza extremos.
Paralelamente a los nueve primeros números, nuestro alfabeto contiene veintiséis letras (sin contar la Ñ, que tiene el valor de la N). Cada una de ellas está, en definitiva, unida a un número primario mediante el principio de la adición TEOSÓFICA, y así aparece la simplicidad del método pitagórico. Todo número, sea cual fuere, se reduce, por este principio de la adición teosófica, a un número primario comprendido entre 1 y 9. Por ejemplo:
1 2 3 4 5 6 7 8 9
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J K L M N O P Q R
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